La cronista enviada por Zibilia realizó un minucioso retrato que intenta dar cuenta de una de las instituciones culturales más prestigiosas del país. Siempre abierta a la comunidad, también tiene una importante agenda cultural, por lo que esta Noche de los Museos 2019, visitarla es una gran opciòn.

En uno de sus últimos textos, Ricardo Piglia recuerda su experiencia como visitante asiduo de la Biblioteca del Congreso de la Nación: “Tarde en la noche, yo me refugiaba en la Biblioteca (…) tomaba notas frenéticas y leía periódicos y correspondencia de la época y otros materiales que encontraba con facilidad. El salón de lectura estaba bien calefaccionado y uno tenía la ilusión de que estaba a salvo ahí entre libros”.

El texto completo fue leído después de la muerte de Piglia, en la inauguración del bar que lleva su nombre y que se puede visitar en el espacio cultural de la BCN, en Alsina 1835. Mientras tomo un café, miro el mural pintado por Miguel Rep en homenaje al escritor y pienso en las bibliotecas como refugio. Guarida pero también ventana, lugar de apertura a la comunidad y democratización del conocimiento.

En palabras de Nora Román, Directora de Referencia General: “Hoy la Biblioteca cambió un poco su perfil. Antes, era venir a buscar un libro, sentarse y leer. Hoy por hoy una biblioteca es dinámica, es un lugar de encuentro”.

Los tesoros de la Nación

Gracias a esa nota, tengo la posibilidad de visitar la Sala de Colecciones Especiales, donde se guarda el “tesoro”: ejemplares que, por diferentes motivos, se consideran únicos y requieren condiciones específicas de conservación y manipulación (temperatura, humedad, uso de guantes, etc). Solo se puede acceder con autorización previa.

  • La sala de Colecciones Especiales.
  • El lugar donde se resguardan y conservan los tesoros de la BCN.

Los encargados de la sala me cuentan que incluso cualquier nuevo material es puesto en cuarentena antes de ingresar.

Hay cuatro colecciones:

* La Biblioteca y Archivo del Dr. José María Gutiérrez.

* La Biblioteca Palant, especializada en taquigrafía, con material único en el país, de diferentes épocas y en varios idiomas.

* La Biblioteca Peronista, con discursos y publicaciones oficiales, así como material confiscado por la dictadura del 55. En el afán por prohibir y ocultar todo lo referente al peronismo, me explican, se enviaba al Congreso aquello que por algún motivo no era destruido. Así, se terminó realizando un paradójico trabajo de conservación y resguardo de estos documentos.

* La Colección Reservada, que contiene primeras ediciones, libros antiguos y ejemplares únicos. Puedo tocar la primera edición de Libro del Cielo y del Infierno, escrito por Borges y Bioy Casares, editado por Sur. Mientras lo hojeo con un poco de miedo, les pregunto a los encargados de la sala si alguna vez hubo un accidente. Me cuentan la historia de un cura que se robó incunables (libros que datan de los primeros años de la imprenta) escondiéndolos en la sotana. La encargada de la sala, Pilar Maleville, fue presa por el robo, pero finalmente la sobreseyeron y se le realizó un desagravio.

El libro del cielo y del infierno, 1960.

Google mediante, descubro que fue un caso policial bastante resonante en febrero de 1983. Muchos libros se encontraron en la parroquia del sacerdote, en Villa Ballester. Pienso que será una buena historia para buscar en la hemeroteca, la última parada de mi recorrido.

La sala de todos

Para ingresar a la Sala Pública, solo es necesario presentar el DNI y dejar el bolso en un locker. Si no se conoce la Biblioteca, tal vez lo mejor sea acercarse al sector de Referencia, donde se puede pedir asesoramiento y orientación. Allí también hay acceso a fuentes primarias, como diccionarios, atlas y enciclopedias.

Para quien prefiera buscar por su cuenta, hay varias computadoras donde consultar el catálogo (que también está disponible en la página web). La solicitud del material está totalmente automatizada: hay que escribir el número de la tarjeta de usuario que recibimos en la entrada, hacer click y pasar a buscarlo por el sector correspondiente. No hacen falta papeles. La BCN cuenta, además, con un servicio de fotocopia y escaneo muy solicitado.

Decido hacer algunas búsquedas. Para el tema Martín Fierro, el catálogo devuelve 256 resultados. Hay libros, monografías, hasta videograbaciones. Cortázar: 296 resultados. Pizarnik: 81. Una vez recorrí muchas librerías intentando encontrar un libro específico de Nicolás Olivari. Lo busco. Está. Los sucesos recientes en Chile me recuerdan a Alejandro Zambra, uno de mis autores chilenos favoritos. Solo hay un resultado: Facsímil (2015). Aprovecho para buscar unos textos de redacción y escritura creativa que necesito. Hay mucho material. Elijo un par de libros y los pido junto al de Zambra.

Es viernes por la tarde. La Biblioteca está tranquila. Muchos jóvenes, probablemente universitarios, estudian para futuros exámenes. Paso por la Sala Infantil Maria Elena Walsh. Está preparada para niños, con personal capacitado y materiales a los que pueden acceder directamente, siempre acompañados de un mayor. El mismo concepto de estanterías abiertas tiene la Sala Juvenil Elsa Bornemann. En ambas se realizan visitas educativas y diversas actividades programadas. Hay bastante gente también en la Sala Leopoldo Marechal, que cuenta con 28 computadoras con acceso gratuito a Internet y procesadores de texto. Dos computadoras, además, poseen un software para convertir texto a voz, que permite a usuarios no videntes acceder a más de 34 mil títulos.

Ya con los libros, me acomodo en la Sala Pública de Lectura. Hay buena luz, aire acondicionado, Wifi. Algunas personas llevan sus notebooks, otras leen y resaltan apuntes. Una chica estudia mientras escucha música con auriculares. Casi todos tenemos los celulares a mano. Si nos animáramos a dejarlos en los casilleros, pienso, esta sala sería el lugar perfecto para concentrarse sin distracciones. Me quedo un rato disfrutando de los libros que pedí.

Mates y diarios

El mate me acompaña cuando leo, estudio o trabajo. Siempre extraño ese ritual en las Bibliotecas. La BCN tiene una Sala Matera, donde se puede tomar bebidas y comer snacks. Con materiales propios, claro: no se pueden llevar los libros de la sala pública. Hay un dispenser con agua caliente y cestos de residuos. Parece un comedor estudiantil. Si te molesta el olor a comida de otras personas o que hablen un poco mientras leés, este no es tu lugar. Me parece una buena opción, por ejemplo, para estudiantes que necesiten hacer un trabajo práctico.

  • La Sala Matera.

Es tarde. Me dirijo al edificio de Alsina, para buscar en la Hemeroteca Diarios la noticia sobre el robo de los libros de la Colección Reservada. Aquí se pueden consultar diarios nacionales e internacionales. Entre julio y septiembre de este año, se realizaron más de 10 mil pedidos en sala. El proceso para ingresar es similar al de la Sala Pública. Me acerco al encargado y pido el diario Clarín de febrero de 1983. Algunos periódicos están microfilmados, otros se consultan en papel. Me traen una caja grande, pesada, con todos los ejemplares del mes. Están amarillentos, las primeras hojas algo destruidas: tienen 36 años de antigüedad.

La búsqueda es muy entretenida. No hace falta ser experto o investigador. Los titulares, las publicidades y las editoriales de la época ayudan a comprender mejor el pasado y el presente. La hemeroteca está alejada de los ruidos de la calle, así que es un poco como entrar en una máquina del tiempo.

Es el final de la dictadura. Hay muchas noticias sobre la crisis económica. 11% de aumento para los jubilados. Estatales rechazan el ajuste. La deuda externa es de 38.736 millones de dólares. Promueven una concertación de precios y salarios. Ya es de noche. Algunas personas llegan a leer los diarios recientes. Parecen ser habitués: preguntan qué hay, charlan con el encargado. Tal vez sean vecinos del lugar. Tres muertos en un confuso episodio. Seré el presidente, vaticinó Alfonsín. Camps: “Hubo excesos pero fueron sancionados”. La censura sube y baja. Roban valiosos libros del Congreso. ¡Lo encontré! Me siento como una detective, como Sherlock Holmes.

La noticia habla de manera aún extraoficial de la desaparición de 31 incunables impresos en el siglo XVI, y de dos personas detenidas. Poco después encuentro más información: Preventiva e implicados en el robo del Congreso. Ya están los nombres de los acusados, del juez, hay detalles sobre la indagatoria y sobre cómo sucedieron los hechos. Un médico, que sería cómplice, está prófugo. Aparentemente, algunos libros fueron llevados a los Estados Unidos para ser vendidos. El cura dijo, con respecto a uno, que suponía que “Maleville se lo había regalado”.

Son las 22:30 cuando salgo de la Hemeroteca, y la noche cálida de Buenos Aires me devuelve al presente. Estuve varias horas recorriendo la BCN, pero parecen haber sido apenas minutos. Me preocupa no poder abarcar en una nota todas las salas, la gente, las actividades, las experiencias. Entonces, recuerdo que para Borges la Biblioteca es el universo, interminable. Y que “...perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”. Visitarla es volverse parte de ese misterio uno también.

BONUS

En el espacio cultural de la BCN se ofrecen una gran cantidad de actividades gratuitas y abiertas al público: exposiciones, talleres, conciertos, cine, etc. Puede consultarse su agenda en Zibilia, y en el sitio de la biblioteca, donde también se puede escuchar la radio de la BCN y descargar publicaciones digitales como la Revista BCN o la Colección Vuela el Pez de literatura infantil y juvenil.