
¿Hace falta saber de arte para disfrutar de una exposición? ¿Quiénes pueden comprar? Más que un circuito de galerías, NODO invita a descubrir cómo funciona hoy la escena del arte contemporáneo argentino, cuestionar prejuicios y acercarse a los lugares donde las obras, las ideas y los debates toman forma.
Del 4 al 6 de junio, NODO propone una forma distinta de recorrer Buenos Aires. Durante tres días, más de 65 espacios distribuidos entre Retiro, Recoleta, Microcentro, La Boca, San Telmo, Palermo y Villa Crespo abren sus puertas con actividades gratuitas. Organizado por Meridiano —la Cámara Argentina de Galerías de Arte Contemporáneo—, el programa celebra este año su quinta edición.
NODO funciona casi como una invitación colectiva a atravesar una barrera simbólica: ingresar a ámbitos menos monumentales que un museo, más dispersos, a veces escondidos detrás de una puerta discreta o un timbre. Sitios que, sin embargo, cumplen un rol central dentro del ecosistema artístico: allí se produce, circula y se discute lo que ocurre hoy. Alejándose de su carácter de evento, también se ocupa de desmontar ciertos prejuicios y modificar la forma en que se accede a ese mundo.
Mucho más que un circuito
Aunque suele asociarse a los recorridos que durante tres días conectan salas de arte contemporáneo, NODO es un programa más amplio. En los últimos años incorporó formación, investigación, articulación federal, mediación cultural y vinculación internacional, con el objetivo de sostener y expandir la escena de las artes visuales en la Argentina.
La edición 2026 refleja esa expansión. Además de los circuitos por la ciudad, contará con conversaciones abiertas y la presencia de curadores y directores de México, Colombia, Panamá, Estados Unidos, Brasil, Alemania y España, por medio de una programación expansiva, que pueden encontrar en la web de Meridiano. Nombres como los de Blanca de la Torre (IVAM), Monika Bayer-Wermuth (Museo Brandhorst), Gean Moreno (ICA Miami) y Jaime González Solís (MUAC) condensan esa escala internacional. Algunos llegan con programas de adquisiciones ya definidos; otros, a observar la escena local. En ese intercambio, se juegan futuras exhibiciones, compras o circulación de obra.
Doce por doce, la dimensión federal
Doce galerías porteñas alojarán a doce del interior del país, por medio de muestras conjuntas, un cruce entre escenas y diálogos que amplían el mapa del arte contemporáneo. Además, la propuesta busca ir más allá, por eso en noviembre, tendrá una edición en Neuquén. En esa línea, el programa también media el acceso al lenguaje artístico. A través de visitas guiadas, herramientas de interpretación y dispositivos educativos, busca que la experiencia no se agote en entrar a un espacio, sino en poder leerlo, entenderlo y habitarlo sin sentirse afuera. La iniciativa —impulsada en el marco de los 70 años del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y los 10 años de Meridiano— está a cargo del equipo educativo del museo y coordinada por la curadora y periodista Melisa Boratyn.
Animarse a entrar
Muchas personas nunca cruzaron la puerta de una galería. No por falta de interés, sino porque sienten que ese universo no está pensado para ellas. Que hace falta saber, conocer o pertenecer. Sin embargo, pocas experiencias permiten acercarse de forma libre, gratuita y de manera tan directa.
“Desde Meridiano entendemos a NODO como una oportunidad para acercar el arte contemporáneo a nuevos públicos y ampliar las formas de encuentro con las galerías. Muchas veces existe la idea de que las galerías son espacios cerrados o exclusivos, cuando son lugares fundamentales para conocer qué están produciendo y de qué están hablando hoy los artistas contemporáneos. A través de los recorridos y del programa de mediación, buscamos que más personas se animen a entrar, preguntar, y descubrir la escena del arte local de una manera cercana y accesible” señala Gonzalo Lagos, director ejecutivo de Meridiano.

Las galerías siguen ahí
NODO tiene algo paradójico: para muchas personas es el primer acercamiento a lugares que funcionan hace años en su misma ciudad. Luego, después del circuito, queda la sensación de que desaparecen hasta el año siguiente. Pero siguen ahí y vale la pena entrar. Ofrecen algo difícil de descubrir en otros espacios culturales: la posibilidad de disfrutar del arte mientras sucede y donde conviven artistas emergentes y trayectorias consolidadas, investigaciones en curso, ensayos visuales, errores y preguntas abiertas. Si los museos muestran trayectorias ya legitimadas, las galerías permiten asomarse al presente.
En ese sentido, NODO funciona como una puerta de entrada: acerca una escena y muestra que detrás de cada exhibición hay artistas produciendo, galeristas acompañando procesos y una escena en movimiento. Tip para romper el hielo: si todavía te da pudor ir, las inauguraciones son un buen comienzo. Hay gente entrando, saliendo y conversando, y uno puede mezclarse con el resto y empezar a mirar.

¿Y si comprar arte no fuera imposible?
En el imaginario pesan las cifras de las subastas internacionales, millones de dólares por obra, colecciones privadas, nombres inalcanzables. La realidad local es otra. Muchas obras del circuito tienen valores más accesibles de lo que se cree. En algunos casos, menos que un celular de última generación o un objeto de diseño producido en serie.
NODO funciona como una invitación sin el filtro del no es para mí. Tal vez esa sea la apuesta: que después de los mapas, los recorridos y las visitas quede el impulso de volver. Entrar por curiosidad, descubrir una exposición, seguir una obra, una pregunta, un tema o un artista. Y entender que muchas veces ahí empieza el encuentro con el arte contemporáneo.