Enfocada a su faceta de cantora, en la última década transitó por diversos escenarios, se formó con maestros y colegas y proyectó su voz hacia Japón. En su primer EP, Aleteo, explora diversas músicas de raíz folclórica. En un vivo en IG con Zibilia contó detalles del disco, y hasta entonó una hermosa canción.

El tiempo está después. Así se llama una canción del uruguayo Fernando Cabrera que se transformó en un clásico contemporáneo de la música rioplatense. Carolina Peleritti entiende al tiempo de esa manera. Como el aleteo de un ave antes del despegue, Carolina del Carmen Peleritti tomó impulso por más de una década antes de presentar su primer material discográfico. Tal vez por eso, este Aleteo es un álbum de alto vuelo. Son seis canciones, unidas por un hilván conceptual, que ofrecen distintas miradas sobre las músicas de raíces folclóricas. Hay una diversidad de ritmos, de la zamba al huayno, de la copla a la canción, abordadas desde nuevos ángulos. Hay un catálogo de productores de lujo (Peteco Carabajal, Santiago Vázquez, Max Masri, Daniel Martín y Diego Rolón) que aportan una pluralidad de ritmos, de sonidos, de conceptos. Y hay, por sobre todas las cosas, una voz. Una voz dulce y profunda. Una voz conmovedora y sincera. La Peleritti es esa voz. Conectada con los ancestros y con el cosmos, con los pies en la tierra y la proa en el alma, Caro rinde honor a su adorado maestro y amigo, Jaime Torres, que en la Quebrada de Humahuaca la incitó a cantar en público por primera vez, en el Encuentro Tantanakuy de 2009. E incorpora, también, a las voces de sus referentes: Mercedes Sosa, Leda Valladares, Raúl Carnota y María Elena Walsh. Aleteo es un disco mágico, es la meta de un largo camino, que incluye clases y escenarios, procesos de introspección y conexión con el sentido espiritual del arte. Es un final y es un comienzo. Es la carta de presentación de una cantante de fina estampa, hechicera y audaz.

Foto: Javier Angel Alvarez

“Hay una persona que me decía que yo era tiempista”, dice Carolina y sonríe, en charla con Zibilia. “En esto de poder disfrutar, de poder tener la posibilidad de cuándo avanzar y cuándo poder quedarme y disfrutar de ese lugar. Yo también lo relaciono con esta cocción interna de las cosas. Yo tengo procesos internos y «cocciones» internas de las cosas. Esos tiempos de ir probando tienen que ver, a veces, con no saber, con la intuición, con ir equivocándome, también. Y en el momento que eso ya está listo, es contundente para mí. No hay nada que explicar. Por eso, este presente es de mucha felicidad. Este EP es como una entrega, como algo que vengo cocinando hace mucho tiempo. Pero no es sólo por el tiempo que me llevó hacerlo, sino por la construcción que vengo haciendo con la música.”

Hay un momento de la charla que Caro relata y podría ir en fast forward. Una década de cantar en vivo, compartir escenarios, conocer y ampliar el repertorio, la aparición de "Aleteo", la primera canción propia. Dice Caro: “Siento que cuando uno va buscando y va interpretando a otros autores y otras autoras, también hay algo que se empieza a impregnar en uno, que es esa poesía, y son esos paisajes. Entonces, "Aleteo" sale de adentro. Yo empecé a probarla en vivo, y fue distinto interpretar una canción propia. Eso me dio la confianza de empezar a pensar en la idea de grabar. Enhebrar esta primera canción, me puso en un lugar personal, de empezar a buscar la próxima canción. Así le mandé la letra de "El suspiro" a Peteco Carabajal, que le puso la música. Y con mis compañeros, (el guitarrista) Diego Rolón y (el percusionista) Amílcar Ábalos, a quienes conocí en esa tertulia musical hace once años, elegimos la "Copla para la luna", una zamba tremenda del Chivo Valladares, tradicional, hermosa, y "Verde Romero" es un motivo popular de La Rioja, anónimo, que se lo escuché a Peteco Carabajal un día y lo sumamos al repertorio.” La tertulia a la que se refiere Carolina es La jaula abierta, un espectáculo semanal que compartía con Teresa Parodi, Lidia Borda, Dolores Solá y Rita Cortese en San Telmo, por el que transitaron muchísimos artistas admirados y queridos por todas ellas, como Víctor Heredia y el Chango Farías Gómez.

La vida nómade

Antes de la pandemia, Carolina había estado de gira por Córdoba. “Cuando empezó la cuarentena, tuve la necesidad de meterme para adentro. De abrazarme. No tenía ganas de hacer vivos, ni de nada. Por más que tenía el disco casi listo, sentía que era un momento de recapitular un montón de cosas y tener el espacio para pensar otras. Pasé varios meses arrullándome, en Buenos Aires. No tenía ganas de cantar, era como un modo de calmar a un niño cuando llora. Pude mirar para atrás, hasta la primera papilla. No estaba en un momento de sacar un material. Creo que era un momento muy fuerte, un proceso que nos estaba pasando a todos. Pero en septiembre, cuando estaba en la Costa Atlántica acompañando a mi mamá, Nico Landa me invitó a cantar un bolero para su proyecto, la Orquesta Los Satélites, me sacó de ese lugar y me activó. Me puse a grabar un tema, y un video, a la distancia. Yo estaba en un encierro a cielo abierto, cerca del mar, y me movió la energía creativa. Eso me dio la fuerza para pensar terminar el disco, poner una fecha y publicarlo.”

La invitación de Nico Landa para incursionar en el bolero fue un modo de salir de la zona de confort e incursionar en un nuevo género. “Yo nunca había cantado boleros. Me gustaban. Pero nunca me había imaginado. Para mí fue algo fresco, lúdico, nuevo. Me puso en otro lugar, me encantó hacerlo. Empecé a escuchar boleros, y me metí en un universo que me parece alucinante. Sentí que me gustaba mucho ese traje nuevo que me estaba poniendo.”

Antes de girar por Córdoba, a comienzos de la primavera de 2019, Caro giró por Japón. Fue su segunda vez allí, pero la primera como representante de la música argentina. “Fue gracias a una invitación a Seúl. A partir de ahí, hice el link y conseguí un productor que me armó una gira. Pero sucede algo muy mágico allá. Pude armar vínculos hermosos. En mi primer viaje, cuando fui como turista, dicté un taller de música argentina en un jardín de infantes. Al año siguiente, hicimos un taller de intercambio cultural, y con Diego Rolón hablamos de la música en las distintas regiones de la Argentina. Celebro la relación con la gente, con su amabilidad, con la posibilidad de ir tejiendo vínculos. También participé en el Festival de Cosquín Japón que se celebra desde hace 30 años, en un pueblo que se llama Kamawata, donde son fanáticos de nuestra música, especialmente de la música andina. Esto empieza a suceder porque hay un amor por esa cultura y por la gente, que es maravillosa. Pero también hay un amor de ellos por el folclore, tienen una sensibilidad muy grande por nuestra música y tienen una escucha muy profunda.”

En “Belgrano”, la balada que Andrés Calamaro le dedicó a Luis Alberto Spinetta, dice: “Gracias por la amistad, y por la genialidad, por el mate con torta frita, por el joint, por llevarme a un japonés por primera vez…”. Se Sabe, Spinetta y Peleritti fueron pareja en los 90. Y esa excursión a un restaurante nipón antes de la resignificación política (y la masificación) del sushi, que evoca Calamaro nos hacía suponer que Luis fue parte de ese vínculo de Caro con la cultura japonesa, al menos desde la gastronomía. “Es un recuerdo muy hermoso”, dice Caro. “Luis amaba la cultura japonesa. Tenía un médico japonés y decía que con la única persona que se dejaba asistir. Y era un ritual ir todas las semanas a comer a un restaurante japonés. Sentarnos en la mesa, en la barra, donde estaba Kazuo. Y Kazuo nos daba lo que tenía en ese momento. Y siempre era una sorpresa, un viaje a lo más exótico. Íbamos a que él nos diera lo que tenía para ofrecernos. Y aparte, él también cocinaba sushi. Le dedicaba todo el día a preparar esa comida para sus hijos, para todos sus seres queridos. Tenía una conexión muy profunda con Japón. Y cada vez que voy allá, siento que hay una conexión. Es decir, él de alguna manera me acompaña en estos viajes. Lo siento así. Siento que los comparto con él. Él tenía un amor muy grande por la música… Y aunque él no conoció Japón… lo conoció.”

Carolina también repasó las noches, antes de la pandemia, cuando subía a improvisar junto a La Grande, el grupo de improvisación dirigido por señas fundado por Santiago Vázquez, de su amistad con la cantautora Sofía Viola y, también, cantó “Aleteo”, la canción que da nombre a su primer EP. Un EP que cierra un ciclo y abre otro. Pero que, por sobre todo, es la puerta de entrada a una voz entrañable.