
Como todos los festivales de cine del mundo, el de Venecia, el más antiguo de todos, lucha por mantener su vigencia y relevancia dentro de un contexto que es cada vez más cambiante y desafiante. Fundado por Giuseppe Volpi en 1932, forma parte de la Bienal de Venecia, una de las exposiciones de arte más antiguas del mundo, que fue creada por el Ayuntamiento de Venecia en 1893 y abarca disciplinas como la arquitectura, la danza, la música y el teatro, además del cine. Ya es una tradición su realización en la isla de Lido, en la laguna de Venecia, así como las proyecciones en el emblemático Palazzo del Cinema en el Lungomare Marconi.
Cada edición que pasa de la llamada Mostra, que se realiza, dependiendo del año, entre agosto y septiembre, trae novedades y confirmaciones, polémicas, revelaciones, debates que continúan más allá del evento. La del 2026 no fue la excepción, ya que se pudieron apreciar los alcances, potencialidades y limitaciones de este tipo de certámenes. A continuación, algunas conclusiones que dejó el festival, considerado como uno de los tres más importantes del mundo, junto al de Berlín (que se realiza en febrero) y el de Cannes (mayo).
Menos Hollywood, más política
En las últimas ediciones, el cine estadounidense había pisado fuerte en Lido, presentando muchas producciones destinadas a ser títulos fuertes en las temporadas de premios. Este año, el despliegue se vio reducido, mientras pasaron a destacarse varias películas que pisaron fuerte desde lo político. Por caso, la película de apertura fue Ink, lo nuevo del británico Danny Boyle, que cuenta cómo el magnate australiano Rupert Murdoch (interpretado por Guy Pearce) creó el diario The Sun, con Jack O´Connell como el editor Larry Lamb. Este film fue un reflejo de la postura con la cual se diseñó la programación, porque su tópico central está relacionado con la (des) información y el sensacionalismo como expresiones de lo que es el nuevo periodismo y la comunicación a través de las redes sociales.
Por caminos parecidos va Primetime, con Robert Pattinson como Chris Hansen, el famoso presentador del programa To catch a predator. Asimismo, estuvieron Búnker, del alemán Florian Zeller, con Penélope Cruz y Javier Bardem, que reflexiona sobre los comportamientos de las clases privilegiadas; Caballo salvaje nueve, de Martin McDonagh, que mira de reojo la injerencia estadounidense en el golpe de Estado de 1973 en Chile; y el documental israelí Naza, de Yuval Abraham y Rachel Szor, fuertemente crítico del accionar de Israel en la Franja de Gaza. Y si bien desfilaron estrellas como George Clooney y Ellen Burstyn, que recibieron el León de Oro honorífico, se hizo hincapié en otras figuras, como Werner Herzog, Nanni Moretti y Johnnie To.
El cine argentino volvió a destacarse
La Argentina ya supo generar euforia y reconocimiento en ediciones pasadas. Ahí tenemos como ejemplo reciente el triunfo de Pablo Trapero como mejor director por El clan en el 2015. Esta vez le tocó a la cordobesa María Aparicio, cuyo cuarto film, A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, que se llevó el máximo galardón en Venice Days, una de las secciones paralelas más importantes del festival. El jurado encabezado por la española Carla Simón fundamentó el galardón en la mirada de Aparicio “sobre el trabajo, la inmigración y el privilegio a través de una delicada puesta en escena basada en pequeños gestos más que en grandes acontecimientos”.
La contabilidad de los aplausos ya no tiene sentido
Que Primetime recibió una ovación de 6 minutos. Que Caballo salvaje nueve fue aplaudida durante 13 minutos. Que Naza tuvo aplausos durante 25 minutos y fue récord. Ajá. ¿Y? ¿Cuál es el sentido de estas mediciones, de estar cronometrando el tiempo exacto en que se aplaude una película luego de que terminó? ¿Cuán reales son esos aplausos? ¿Es en verdad necesario estar aplaudiendo durante tantos minutos? ¿No empiezan a doler un poco las manos? Quizás lo más relevante de este tipo de sobreactuaciones vino por el lado de las crónicas de esas situaciones, como en el caso de Naza, donde aparentemente flotaba la sensación de que, si uno dejaba de aplaudir, era porque estaba a favor de las fuerzas genocidas israelíes. Las poses de algunos sectores artísticos parecen haber llegado a extremos por momentos absurdos en cómo se caratula a las personas que no se pliegan a discursos dominantes.
El feminismo y el antisionismo (¿o antisemitismo?) se impusieron
Solo dos películas en la competencia tenían a mujeres en la dirección, pero se las arreglaron para dominar la escena. Woman unknown, de la danesa May el-Toukhy, fue elegida como mejor película por el jurado presidido por la actriz y realizadora Maggie Gyllenhaal. Su relato, centrado en una mujer que trata de reconstruir su existencia en la Dinamarca de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se adentra en la violencia sufrida por las mujeres a las que no les quedó otra que colaborar con el nazismo y que fueron repudiadas por sus propias sociedades.
Por otro lado, el premio del jurado a Naza, codirigido por Szor, disparó toda clase de polémicas: porque si su supuesta postura es antisionista, acusando al Estado de Israel de cometer un genocidio en sus operaciones bélicas en la Franja de Gaza, su andamiaje narrativo (sostenido mayormente en testimonios anónimos) se ha mostrado bastante endeble. Y si bien fue dirigida por israelíes, eso no le ha permitido eludir la calificación de ser apenas un disfraz para un discurso antisemita. La polémica sigue (y seguirá) abierta.

John Malkovich toma ventaja
Dijimos que Hollywood, y por ende los Oscars, no estuvieron tan presentes. Pero no estuvieron ausentes. Ahí tenemos entonces la Copa Volpi al mejor actor para John Malkovich por su performance en Caballo salvaje nueve, que lo posiciona para ser nominado nuevamente al Oscar. Ya tuvo dos nominaciones como mejor actor de reparto (en 1985 por En un lugar del corazón y en 1994 por En la línea de fuego) y ahora tiene chances de una tercera como mejor actor principal. Aunque la competencia que le espera es fuerte, con nombres potenciales como Tom Cruise, Matt Damon, Seth Rogen, Andrew Scott, Brad Pitt y Ryan Gosling.



