Podrá gustar o no, pero la importancia de Stranger things dentro del ámbito televisivo y la cultura popular de los últimos diez años es innegable. Desde su debut en el 2016, la creación de Matt y Ross Duffer ha cautivado a una audiencia global con su reescritura entre nostálgica y celebratoria de los ochenta. Cuando hablamos de los ochenta, decimos los ochenta en todos los aspectos: desde la música y el cine, hasta la televisión y la vestimenta, pasando también por las sensibilidades e imaginarios que circularon en ese tiempo. Y cuando hablamos de reescritura, es porque los Duffer repensaron esa década que marcó las juventudes e infancias de muchos desde el presente, para así contar una historia propia, que idealiza y al mismo tiempo pone en crisis el pasado.

Pero el impacto de Stranger things no se reduce a su creciente éxito, que llevó a que, por caso, en las primeras horas del lanzamiento del Volumen 1 de la quinta y última temporada, el sistema de Netflix haya colapsado por la cantidad de visionados. Hubo también un elenco que adquirió fama mundial a partir de su labor en la serie.

Empezando por Millie Bobby Brown, que fue una revelación absoluta en el papel de Eleven y que a partir de ahí construyó una carrera que no solo la llevó a protagónicos en diversas películas, sino también a explorar el rol de productora, como en el caso de la saga de Enola Holmes. Lo mismo se puede decir de otros jóvenes como Finn Wolfhard, Gaten Matarazzo, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Joe Keery, Noah Schnapp, Sadie Sink, Maya Hawke y Joseph Quinn, que pasaron de ser completos desconocidos a participar de films y franquicias relevantes. Tampoco se puede subestimar el crecimiento que experimentó la carrera de David Harbour, que pasó de ser un actor de reparto casi invisible a parte importante del Universo Cinemático de Marvel; o la resurrección que experimentó la trayectoria de Winona Ryder, que parecía casi terminada y cobró nueva vitalidad.

Algo parecido sucedió con los Hermanos Duffer, que hasta el estreno de la serie solo contaban con un puñado de antecedentes, como el film de terror Hidden (2015) y los guiones de algunos episodios de la serie Wayward Pines. Pero sus caminos se cruzaron con el de Shawn Levy, realizador de la trilogía de Una noche en el museo y de Deadpool y Wolverine, que los ayudó a llevar el proyecto de Stranger things a Netflix. Cuando la primera temporada de la serie probó ser un meteorito, generando un público masivo propio, llevándose premios por doquier y probando que la plataforma podía generar contenido propio capaz de meterse en la conversación cotidiana, los Duffer pasaron a ser el centro de parte del campo cultural.

Eso redobló la presión para lo que venía a continuación, y lo cierto es que las diversas temporadas enfrentaron desafíos no solo en las expectativas de los espectadores y la crítica, sino también logísticos. Porque en el 2020 vino la pandemia, que impuso toda clase de restricciones en los rodajes, elevando costos y estirando tiempos durante años, mientras que las huelgas de guionistas y actores del 2023 también implicaron retrasos de todo tipo. A tal punto que, si la cronología narrativa de la serie totaliza unos cuatro años (entre 1983 y 1987), las cinco temporadas se estrenaron a lo largo de casi diez años. Y eso se notó bastante en el envejecimiento de los actores, principalmente de los más jóvenes.

Pero los Duffer lograron, aún con desniveles, estar a la altura y hasta superarse a sí mismos. Prueba de eso fue la cuarta temporada, que tuvo varios momentos realmente conmovedores, con el uso de la canción Running up that Hill, de Kate Bush (que tuvo una difusión que nunca antes había alcanzado), como cima absoluta, y que encontró en Vecna el villano perfecto, un ser que es mucho más que una reversión del Freddy Kruger de Pesadilla en la profundo de la noche. Sin embargo, los desafíos de la quinta temporada son aún mayores, incluso a partir de decisiones propias, porque los realizadores han firmado un acuerdo de producción con Paramount, que seguramente implique, entre otras cuestiones, un salto a la pantalla grande. De ahí que la despedida de la serie (y de Netflix) esté obligada a ser a lo grande, incluso con calidad cinematográfica, y esa vocación de gigantismo ya se nota en el Volumen 1 de la quinta temporada, estrenado a finales de noviembre.

Precisamente, el Volumen 1 ratificó virtudes ya habituales de Stranger things -un imaginario propio y cautivante, personajes a los que es imposible no querer, momentos tan tensos como épicos-, pero también riesgos de enciclopedismo. Es decir, no tanto la chance de que la serie sea una especie de museo viviente de los ochenta -esos peligros ya ha logrado eludirlos-, sino de sí misma, de sus propios lugares comunes, hasta caer en el ombliguismo y la autocelebración banal. Es parte del reto de cerrar la historia como corresponde y que han afrontado todas las series emblemáticas, algunas con despedidas gloriosas (Breaking bad) y otras muy fallidas (Game of thrones). Todavía no está claro de qué lado terminará Stranger things y eso se verá cuando se estrenen el Volumen 2 (en Navidad) y el episodio final, en Año Nuevo. Ojalá que su última aventura esté a la altura de su propio legado.