Hay un subgénero cinematográfico, donde conviven temas, narraciones y estéticas muchas veces disímiles, que suele quedar bastante relegado en la consideración, a pesar de que siempre se muestra actual y relevante. Estamos hablando del ambiental, que piensa y analiza de forma constante la relación entre la humanidad y el planeta que habita. Y que ha encontrado desde el 2010 en el Festival Internacional de Cine Ambiental (FINCA) un espacio de expresión, discusión y difusión más que amigable.

El Festival es organizado por el Instituto Multimedia de Derechos Humanos (IMD), una asociación civil sin fines de lucro fundada con la convicción de que las artes audiovisuales son una herramienta poderosa para la concientización y la transformación social. El Instituto organiza otros dos festivales: el FICDH, primer festival de cine de derechos humanos de América Latina, y que recorre distintas ciudades del continente; y el FINCA.DH, que extiende el cruce entre ambiente y derechos humanos a nuevos países de la región.

Ya en su octava edición, que tendrá lugar hasta el 19 de este mes, el FINCA presentará 35 películas de 24 países sobre temáticas socioambientales. Las proyecciones se realizarán en distintas salas, en una muestra de la ambición de penetración territorial del festival: el Cine York, la Alianza Francesa de Buenos Aires, el Cine Arte Cacodelphia, el Teatro Empire y el Centro Cultural 25 de Mayo. Partiendo del lema “Sembremos Futuro”, esta edición tendrá como foco el derecho a la tierra, invitando a pensar y defender el territorio común, y buscando recuperar la capacidad de imaginar otros futuros posibles de forma colectiva.

La programación está organizada en nueve secciones temáticas: Agua, Biodiversidad, Extractivismos, Derechos Humanos, FINQUITA, Justicia Climática, Pueblos Originarios, Soberanía Alimentaria y el Foco Tierra y Techo. Entre las películas argentinas se destacan La vida fracturada, de Cristian Cartier, Martín Longo, Pablo Piovano y Maximiliano Goldschmidt, que retrata los efectos de la fracturación hidráulica y la resistencia indígena en la Patagonia petrolera; Tierra que habla, de Ana Fraile y Lucas Scavino, que propone un cruce de tres cosmovisiones —kankuama, mapuche y científica— sobre el extractivismo y el vínculo con el territorio; y el corto Propiedad privada prohibido pasar, de Wojciech Ganczarek, que a través de la historia de un docente, una pescadora y una pareja mapuche retrata la dificultad del acceso a la tierra en la Patagonia.

Pasando al nivel latinoamericano, tenemos films como Toroboro: el nombre de las plantas (Ecuador, Brasil), de Manolo Sarmiento, que reúne 25 años después a los protagonistas de un estudio etnobotánico entre el pueblo waorani, hoy amenazado por las industrias petrolera y maderera, y que ganó el Premio al Mejor Documental en el Festival de Biarritz; Pau d'Arco (Brasil), de Ana Aranha, que sigue durante siete años al testigo y al abogado que buscan justicia luego de una masacre de trabajadores rurales sin tierra en la Amazonía; Karuara, la gente del río (Perú, Canadá), de Miguel Araoz Cartagena y Stephanie Boyd, que narra la cosmovisión del pueblo kukama-kukamiria a través del documental y la animación, y que fue galardonada en el Festival de Lima 2024; y De la guerra fría a la guerra verde (Paraguay), de Anna Recalde Miranda, que indaga en la memoria de la dictadura paraguaya y el extractivismo.

Dentro de la programación internacional se destacan Yintah (Canadá), de Jennifer Wickham, Brenda Michell y Michael Toledano, que documenta la resistencia de la Nación Wet'suwet'en para proteger sus tierras ancestrales; El árbol de la autenticidad (República Democrática del Congo, Bélgica, Francia), de Sammy Baloji, un relato experimental sobre las huellas coloniales de uno de los mayores centros de investigación agrícola de África, ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de Róterdam 2025; How deep is your love, de Eleanor Mortimer, que sigue a un grupo de biólogos en una expedición al Pacífico para descubrir y nombrar especies nunca vistas del fondo del océano, amenazadas por la megaminería submarina; y The Cost of Growth (Bélgica), de Thomas Maddens, que entabla diálogos entre luchas territoriales en Serbia, Italia y Sápmi y los debates globales sobre justicia climática.

Como novedad de esta edición, el FINCA presentará Semillas Lab, su primer laboratorio audiovisual regional para producciones con impacto social. Los 18 directores y productores de los nueve proyectos seleccionados de Argentina y Latinoamérica participarán en una semana de formación intensiva con profesionales de la industria. Además, como en las ediciones previas, estará FINQUITA, una función de cortometrajes para toda la familia, el sábado 15 a las 18:00 en el Cine York. El programa reúne cortos como Cuidemos el planeta (Argentina, Carolina Feity) y El viaje de luz (Argentina, Jorge Ortino).

La programación completa del FINCA está disponible en www.festivalfinca.com y en sus redes sociales (@festivalfinca). Las entradas son gratuitas en el Cine York y la Alianza Francesa de Buenos Aires, ingresando por orden de llegada. En Cine Arte Cacodelphia, Teatro Empire y Centro Cultural 25 de Mayo la reserva se realiza a través de sus boleterías online o de forma presencial en la sala antes de la función.