Un arrogante y prestigioso fotógrafo de Londres, una cámara y una fotografía que, lejos de ser simple, es la única evidencia para resolver el enigma de un crimen. Con tal premisa, Michelangelo Antonioni nos introduce a “Blow Up” (1966), un film que propone más preguntas que respuestas al explorar los límites de la veracidad y la construcción de la realidad. Sin embargo, esta ambigua y pretenciosa película jamás hubiese sido posible sin el arte de uno de los mayores exponentes de la literatura argentina.

A finales de los años 50, Julio Cortázar se encontraba trabajando como traductor en París. Un día como cualquier otro, Sergio Larraín, fotógrafo chileno y gran amigo del escritor, se acercó a contarle lo que le había ocurrido esa mañana tomando fotos en la Catedral de Notre Dame. Al revelar y ampliar las imágenes, Larraín se dio cuenta que, contra una pared, había una pareja teniendo sexo. Aquella anécdota llamó por completo la atención de Cortázar y fue su fuente de inspiración para escribir uno de sus relatos más conocidos hasta el día de hoy.

“Las Babas del Diablo”, publicado en 1959 en el libro “Las Armas Secretas”, cuenta la historia de Roberto Michel, un traductor franco-chileno, que fotografía a una mujer besando a un adolescente. La narración del cuento se caracteriza por ser disruptiva al cambiar constantemente el punto de vista, lo que provoca cientos de interrogantes en el lector.

Mientras tanto en Italia, Michelangelo Antonioni se consagraba como un cineasta exitoso gracias a proyectos como “La Aventura”, “La Noche” y “El Eclipse”, así como también “El Desierto Rojo”, su primer film en color. Debido a su talento y reconocimiento internacional, el director italiano firmó un contrato con la Metro- Goldwyn-Mayer para filmar tres películas en inglés. Fue en aquel entonces cuando la obra del escritor argentino tocó su puerta.

Antonioni se sintió sumamente atraído por el relato de Cortázar. Le fascinaba el concepto de la historia: la realidad y la imparcialidad de nuestras percepciones. Fue así cómo Carlo Ponti, productor del film, compró los derechos de autor de “Las Babas del Diablo” por 4 mil dólares.

En conjunto con Tonino Guerra, el director adaptó la idea principal del relato para escribir el guión de “Blow Up”. El resultado fue la intrigante historia de Thomas, un fotógrafo de moda interpretado por David Hemmings, que fotografía a una pareja en un parque de Londres. Cuando revela las imágenes y utiliza la técnica de la ampliación, el artista descubre que una persona fue asesinada.

“Cuando se utilizan ampliadoras pueden verse cosas que probablemente el ojo desnudo no sería capaz de captar. Pero lo que sucede es que, al ampliarlas demasiado, el objeto se desintegra y desaparece. Por lo tanto, hay un momento en que asimos la realidad, pero ese momento pasa”, expresó el cineasta italiano con respecto a la complejidad del film.

Es en este sentido cuando las obras de Antonioni y de Cortázar encuentran puntos en común. Ambos cuestionan y exploran, por medio de un estilo vanguardista, hasta qué punto la realidad es real y en qué momento lo irreal pasa a ser real. La fotografía, tanto en “Blow Up” como en “Las Babas del Diablo”, se convierte en un protagonista más de la historia, dando lugar a un sinfín de dudas e interrogantes: ¿Ocurrió realmente un asesinato?, ¿Cuál es el mensaje oculto detrás de esa imagen?, ¿Acaso el fotógrafo se dejó engañar por sus sentidos?

Asimismo, la película es un auténtico retrato del Londres de los años 60. A través del lenguaje cinematográfico, Antonioni nos teletransporta al Swinging London, un momento de revolución cultural liderado por las generaciones más jóvenes, cuyo espíritu libre y hedonista era representado en la moda y diversas disciplinas artísticas. De hecho, el protagonista está inspirado en David Bailey, uno de los fotógrafos más importantes y reconocidos de la época.

Una vez estrenada en 1966, “Blow Up” fue aclamada tanto por la crítica como por el público no sólo por su trama de misterio y compleja narrativa, sino también por su estilo documental que capta a la perfección la vida artística y eléctrica de aquel entonces. Al mismo tiempo, arrasó en la temporada de premios al ganar la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes y recibir varias nominaciones al Oscar. En cuanto a Cortázar, el trabajo de Antonioni fue una suerte de puente para que nuevos lectores conocieran sus obras.

Hasta el día de hoy, “Blow Up” es considerada una película de culto y una joya de la historia del cine. Su tratamiento estético y narrativo fue fuente de inspiración para films como “The Conversation” de Francis Ford Coppola y “Blow Out” de Brian De Palma, así como también despertó la pasión por la fotografía en cientos de jóvenes. Una película seductora y vanguardista, digna de aquella época, donde la construcción de la realidad y la imaginación entran en un juego que parece no tener fin.