Astr0kate (Kate Kain) ha construido una propuesta musical única donde la tradición del tango y los folklores del mundo colisionan con la música urbana, las texturas electrónicas y la palabra hablada. Tras transitar el compromiso socioambiental del EP “Kaos”, el duelo introspectivo del EP “Ultramar” y la potente sesión orgánica del video álbum “Electrocriolla” —nominada a los Latin Grammy®—, la artista presenta Astrodélika, su primer álbum de larga duración compuesto por 7 canciones que exploran la metamorfosis, el deseo terrenal y lo cósmico. En esta conversación con Zibilia, repasa su herencia familiar, su mirada escenográfica de la música y los preparativos para su show del 18 de noviembre en Biri Biri Palermo.

Raíces, interpretación y memoria

El recorrido de Astr0kate comenzó lejos de las frecuencias sintetizadas de hoy. Su infancia estuvo atravesada por la orquesta de tango El Trébol, donde su abuelo y sus tías tocaban el bandoneón, un entorno que moldeó tempranamente su relación con la interpretación.

Creciste escuchando la orquesta de tango El Trébol, donde tocaba tu abuelo con tus tías en el bandoneón. A los 14 ya cantabas en festivales de tango y estudiabas en el Conservatorio de Chascomús. ¿Cómo fueron esos primeros años como cantante en festivales de tango y qué te quedó de esa formación?

El tango estuvo presente desde muy chica, dentro de mi familia. Antes de pensarlo como un género o una profesión, era una música cercana, parte de mi historia. Empezar a cantar en festivales a los 14 años me permitió llevar ese vínculo al escenario y empezar a encontrar mi propia voz. También me ayudó el teatro, recuerdo tener que “habitar” otras pieles en el escenario porque gran parte de las letras del tango hablan de experiencias de vida que a esa edad yo no había vivido.

De esa formación me quedó especialmente la importancia de interpretar: entender qué estás contando, darle intención a una poesía y encontrar tu manera de decirla. El conservatorio sumó herramientas musicales a esa experiencia. Hoy hago canciones que suenan distintas a esa raíz, pero sigo buscando que la voz cuente algo y que haya una emoción reconocible, una identidad argenta, una sonoridad propia en los fraseos.

Tu familia vivió el tango tradicional y “Astrodélika” suena muy distinto. ¿Sentís que rompés con esa raíz o que le das continuidad con las herramientas de hoy?

Siento que hay una continuidad, aunque no siempre sea evidente en el sonido. Una raíz también aparece en la forma de cantar, de escribir o de darle dramatismo o emoción a una canción. No siento la necesidad de que haya un bandoneón para que esa historia esté presente en mí y en la cualidad de profundizar, ahondar más y más. Es justamente la búsqueda y el proceso que transitamos en el nuevo álbum.

En ASTRODELIKA me permití explorar otros ritmos, texturas y formas de producir. Me importa que mi identidad pueda crecer: llevar conmigo lo que recibí y transformarlo a través de la música que escucho y hago hoy. Sin encasillarse demasiado o etiquetarme. Es necesario para mi evolución como artista: explorar constantemente, saliendo de mis zonas conocidas o familiares. Donde me siento cómoda, ahí muevo el tablero, lo sacudo de nuevo y crezco.

La construcción de un universo sonoro

Para erigir una obra donde convergen la música clásica, el pop, el folk nórdico y el trap, se vuelve indispensable establecer un método de trabajo claro que evite la dispersión y potencie la identidad del material.

Con tantos géneros en juego, ¿qué regla de oro se pusieron con el productor Dat4s (Facundo Lapido) para que “Astrodélika” suene como un universo propio?

La regla fue que cada decisión estuviera al servicio de la canción. No partimos de una lista de géneros que queríamos incluir: partimos de melodías, letras y climas, y buscamos qué necesitaba cada tema. Con Facundo fuimos trabajando esa diversidad para que tuviera un hilo común. Mi voz, la escritura y el diálogo entre elementos orgánicos y electrónicos ayudan a darle unidad. Hay canciones más rítmicas y otras más íntimas, pero todas forman parte de un mismo recorrido, un viaje. Queríamos que el disco pudiera cambiar de paisaje sin perder su identidad. Y que el mensaje siga siendo espirituoso y existencialista. Nada superficial.

“Kaos” trató el caos climático, “Ultramar” el duelo y “Electrocriolla” la reconexión con la naturaleza. ¿”Astrodélika” integra esos procesos o abre una etapa nueva?

Cada proyecto tiene algo de lo que estaba viviendo y de las preguntas que me hacía en ese momento. ASTRODELIKA reúne parte de ese recorrido pero también aparece la exploración del deseo, el disfrute, moverme y abrirme a nuevas posibilidades. La metamorfosis atraviesa el disco porque cambiar implica muchas emociones, no solamente alegría o tristeza. Por eso hay canciones más íntimas y otras más expansivas. Y son todas parte del mismo viaje de esa transformación.

Venís del arte visual y la escenografía. ¿Cuánto hay de montaje escénico en cómo construís la atmósfera sonora de un tema?

Mi formación en arquitectura y mi trabajo con lo visual y en escenografía hacen que muchas veces imagine una canción como un espacio que se va construyendo. Pienso qué sensación produce, qué elementos necesitan destacarse y dónde hace falta dejar aire. Eso también aparece cuando trabajamos los arreglos y las texturas.

Me interesa mucho la atmósfera: cómo cambia una canción cuando una voz queda más cerca, cuando entra un sintetizador o cuando todo se reduce a un solo instrumento. Después, ese clima encuentra una expresión en las imágenes y a veces incluso es al revés, imagino un universo visual e intento que se traduzca a lo sonoro.

Generación, cruces y la experiencia del vivo

El cruce con otros públicos y escenarios emblemáticos —desde aperturas en el Teatro Ópera hasta festivales junto a referentes de la escena independiente— le permitió a AstrOkate dialogar con nuevas audiencias y comprobar el impacto de su propuesta en vivo.

Abriste el show de Yami Safdie en el Teatro Opera y tocaste en el Festival Tocadak junto a Isla de Caras. ¿Qué te dejó compartir escena con artistas de tu generación, y con quién sentís más afinidad?

Esas experiencias me permitieron presentar mis canciones ante personas que quizás no me conocían. Ese encuentro tiene algo muy lindo y desafiante: salir al escenario, mostrar tu propuesta y descubrir cómo responde el público. Y conocer esos públicos también es conocer más al artista con quién estás compartiendo escenario y donde encontrás muchos puntos en común. Particularmente con Yami me pasó algo muy lindo de encontrar un público de una generación jovencita de 13 o 14 años que en mi show re conectaron con la presencia del bandoneón y fue una oportunidad hermosa para acercarles el tango a través de esta fusión y de esta estética de tango futurista, medio trap/pop.

El 18 de noviembre presentás el disco en Biri Biri Palermo. ¿Cómo estás imaginando y preparando ese show?

Estoy imaginando el show del 18 de noviembre en Biri Biri Palermo como una manera de llevar el recorrido de ASTRODELIKA al vivo. Estoy profundizando en los contrastes del disco: los momentos íntimos, los pasajes más expansivos y las canciones que invitan a moverse. Todo forma parte del mismo viaje y quiero conectar esos climas a través del repertorio, las transiciones, la puesta visual y la performance.

El tango y el folklore también tendrán su momento y su presencia, a mi manera y en diálogo con este nuevo universo. Además, habrá invitados sorpresa que admiro mucho. Lo central es el encuentro: compartir por primera vez el disco en vivo y descubrir la energía que toman las canciones con el público. Conectarnos en persona.