¿Qué tenía Juan Forn que hizo de su literatura un oasis en un mundo de absurda pretensión literaria? Ediciones Godot presenta "Cómo me hice viernes", donde en apenas 75 páginas, incluyendo un prólogo de su hija Matilda, se pone en evidencia, una vez más, que el autor fallecido en 2021 fue una de las plumas contemporáneas más aceitadas y amigables. 

La primera vez que leí a Forn coincidió con el día que fui a hacer a mi hija socia de la biblioteca pública de nuestro barrio y de paso aprovechar para llenar los huecos de mi propia biblioteca. De todos los títulos a disposición, "Yo recordaré por ustedes", publicado en 2021, llamó mi atención inmediatamente. Poco sabía que Forn tenía todo lo que me gusta en un escritor: oficio, del que da un poco de celos, cuando parece que las ideas del autor flotan sobre el papel sin esfuerzo, un bagaje cultural inabarcable y la capacidad para resucitar a personajes olvidados y relatos al margen de la historia oficial con una memoria sensible, donde el yo está presente pero no molesta ya que carece de soberbia. Forn era el mejor anfitrión y guía, que lograba bajar sus conocimientos de manera suave. Un editor y periodista que se escapaba de los moldes.

Nació en noviembre de 1959, lo que lo convierte en un escorpiano de la primera línea. Creció en una familia burguesa y "bien", gracias a la cual tuvo muchos privilegios, aunque su gran pasión, la poesía, no estaba completamente aceptada por su papá, que esperaba que su hijo siguiera el camino recto y no perdiera su tiempo entre las palabras.

Sin embargo, la literatura ganó la pulseada y Forn fue todo lo que la mayoría de sus compañeros de colegio no fueron. Libre para dejarse llevar por sus impulsos, pasiones y obsesiones. Si bien empezó su recorrido como cadete, pronto devino en editor, ensayista, periodista y traductor de autores como Yasunari Kawabata, F. Scott Fitzgerald, John Cheever y Hunter Thompson. Durante 15 años trabajó como editor para Emecé y Planeta, fue el creador y director del suplemento Radar de Página 12, que inspiró a tantos, y estuvo al frente de la colección Rara Avis de Tusquets, además de publicar sus propios libros desde 1987. En 2002 se mudó a Villa Gesell por cuestiones de salud, saturación y auxilio, donde descubrió su lugar en el mundo y continuó su vida entre la paternidad, el reencuentro con la literatura, el movimiento de las olas y la quietud balnearia que tanto contrasta con la locura citadina. 

Entre las páginas de "Cómo me hice viernes" aparece su colección de piedras recolectadas en la playa que los amigos contienen entre las manos durante noches de charlas en su casa, como un gesto inadvertido que hacemos de manera inconsciente. Forn relata recuerdos de los años de la adolescencia, biografías ajenas, anecdotas que se entremezclan con la vida propia y anotaciones de citas, que funcionan como pie de página.

Escribe sobre su iniciación en la literatura, cuando llegó a un paraíso complejo e impensado empujado por un vecino, los beatniks, Yasunari Kawabata, Briante y el anhelo frustrado de su padre. Los textos que conviven aquí están "especiados de ficción", un término acuñado por su hija en una nota homenaje a su papá. Son producto de sus legendarias contratapas de Página 12, que escribió durante años y que compiló en los cuatro tomos de "Los viernes" que publicó entre 2015 y 2019. Gracias a ellos, Forn confesó que dejó de pensar en formato libro y comenzó a hacerlo en formato viernes. Textos que craneó entre libros, una disciplina lectora voraz y caminatas al lado del mar. 

Aunque empezar por el final para algunos pueda sonar extraño, este libro es un excelente comienzo para aquellos que aún no se han sumergido en las aguas de Forn. Para leer en un día y luego salir en busca de todo lo que este enorme escritor pudo ofrecer.