Un mundo freelance. Una energética entusiasta. Un relato de la autoayuda. Un pensamiento sin delicadezas. Un sujeto político sin propósitos políticos. Un slogan de la vida. Una apología simplona de las cosas simples. Una prohibición del aburrimiento. Una privación de la narrativa propia. Una consigna edulcorada. Una plusvalía: tu creatividad. Una batalla perdida: tu creatividad. Un programa de vida: el del perro. Una cosmogonía: la del perro. Una máquina novedosa: la post-política. Una forma de hacer política: por instagram. Una forma de hacer militancia: por instagram. Una forma de amar: por instagram. Una épica: Viaje al fin de la noche. Una época: Lanata. Una pérdida de carácter. Un infierno. Una verdad: me estoy muriendo. Una noticia: todo está mal, todo está bien. Otra verdad: a nadie le importa. Ése es el mundo. Contra ese mundo me pronuncio. Tengo hambre. Quiero reír. Quiero recuperar mis espacios de deseo y mis alegrías. La alegría está sobrevalorada. Quiero reconciliarme con la vida y con el cuerpo. Quiero recuperar una erótica de lo íntimo. Quiero rehuirle al éxito del youtuber. Quiero aliarme con mis muertos. Quiero restaurar mi contorno. Mi contorno desdoblado y borroso. Me miro en el espejo y allí estoy: frente a mí mismo; frente a Céline. Un grupo de actores (autoproclamados Los perros de Céline) pretenden montar un homenaje al autor del Viaje al fin de la noche. Pero novela y autor son tan inmensos que cualquier gesto al que Los perros. acuden es un auténtico fracaso.

Dirección: Mateo De Urquiza //

Última fecha

ju

22

noviembre

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