Valentina Ansaldi pinta de la misma manera el exterior de Slovak -estación de radio de Checoslovaquia-, una vista interior de su cuarto y una instantánea del barrio porteño de La Paternal, al momento en que el proyecto urbano colapsa y hay que comenzar a emparchar. ¿Cómo habitamos estos espacios históricos atemporales en el mismo instante? ¿Es nuestro cuarto tan calmo, acogedor y cálido? ¿Es la mole de hormigón tan amenazante y aterradora? Podemos encontrar una posible respuesta en la pieza Perú 957. El hall de entrada del edificio de la casa de la artista es por excelencia un lugar de tránsito, nexo entre adentro y afuera: si entramos ya sentimos el refugio de casa, pero si salimos comenzamos a escuchar los ruidos del acecho exterior. También pintado de la misma manera. Colores saturados vibrantes, planimétricos, con poco rastro gestual y de realización impersonal; un sistema de flotación ensoñado que permite construir una estructura para resistir la angustia. El problema de adentro y el problema de afuera. El mismo problema. Mirar con los mismos colores la cama deshecha y el barrio en sus dos versiones: nostalgia por casas que resisten en pie y los bestiales cambios en el devenir de la lógica corrupta del desarrollo inmobiliario. Estado anímico intuitivo que busca en el refugio pictórico una posibilidad de pensar los espacios en nuestra contemporaneidad, en medio de la sordidez reinante y en cómo trascenderla para encontrarnos de nuevo entre nosotros.

Última fecha

vi

14

junio

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