En el texto curatorial de la exposición de Luis Felipe Noé, Lorena Alfonso escribe: En las estanterías de la biblioteca reposan incansables volúmenes de libros marcados por lecturas. Anotaciones al margen, apuntes, papeles sueltos y dibujos se cobijan en sus páginas. Un viaje imaginario que tejiera relaciones entre títulos y autores podría perfilar una biografía intelectual de su dueño pero, en el caso de Luis Felipe Yuyo Noé, esas notas resquebrajan la noción del tiempo y participan de una memoria atemporal que va encontrando nuevos casilleros que completar en este crucigrama vacilante que es la vida. Día a día, semana a semana, año a año, Noé trabaja incansablemente concibiendo ensayos, apurando proyectos inconclusos, imaginando obras en formatos y materiales heterogéneos, embarcándose así en nuevas aventuras cuyos puertos son, la mayoría de las veces, desconocidos. Noé está vivo y, por ahora, el terreno más propicio en el que desplegar sus creaciones es su propia condición de ser libre. “¡Oh, la vida!”, exclama dejando de lado los pretéritos para afirmar un presente continuo comprometido con la incesante satisfacción de compartir con otros su quehacer artístico. Así, colabora realizando un vitral (“Siempre buscando la luz”), esculturas (“Tiempo congelado”) o cerámicas (“Somos” y “Panorámica”). En esta última, podemos imaginar al artista sobrevolando con el avión su propio campo florecido de experiencias, artísticas o afectivas, que hacen a su historia y que este atraviesa considerando el trayecto como un caótico ir y venir; y no como un tiempo lineal con un solo punto de llegada. En este sentido, la labor artística e intelectual de Noé se eleva a la medida de su libertad; en ese atreverse incesablemente a cuestionar formatos, valores, reglas, opiniones propias y ajenas. Por ahora moviliza una memoria visual del contexto actual donde la reflexión sobre la sociedad y el individuo ocupan un lugar central. ¿Qué es ser, hoy?, ¿y ahora qué?, ¿cómo sobrevivimos ante tanta confusión? son preguntas que se precipitan frente a un horizonte incierto pero que, a la vez, invitan a pensarnos como sujetos que comparten espacios y situaciones comunes. Por ahora presenta también escenarios conflictivos como la violencia hacia la mujer (“Cálmate”), los cambios generacionales y las perspectivas humanas ante antiguos problemas de difícil solución, como el amor o la muerte. Por ahora figura un mundo que nos atrapa y envuelve, un mundo en el que Noé da vueltas en 360º sin marearse. “Si decimos la vida es un caos, es confesar estar dominados por él, pero si afirmamos que el caos es la vida misma, conseguimos asumirlo. Esto es, hacernos cargo de él”, asevera este eterno militante del caos que, además, se define como “un escéptico optimista”. La paradoja lo ubica en perspectiva: en tanto artista encara su obra atreviéndose a jugar sin reglas y sin condiciones, concibiendo la creación como una búsqueda permanente; en tanto ser humano aborda la vida con la misma curiosidad con que afronta la muerte, sin temor. Un sabio que, por ahora, se dedica a atrapar la vida.

Artistas: Luis Felipe Noé //

Última fecha

sa

15

diciembre / 2018

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