Dante es un joven de pueblo, sencillo y religioso que, según confiesa, golpea brutalmente a su mujer, Ángeles. Ambos son la única familia del Padre Pedro, quien fue desterrado de una ciudad vecina y es visto con recelo por el resto de la comunidad. De inmediato se percibe la relación de poder que se establece entre el “saber” y la “ignorancia”, entre el seguro y educado hombre de fe y el ayudante bruto y torpe de algún pueblo perdido del interior. La “confesión” hace las veces de herramienta terapéutica para Dante y, al mismo tiempo, se convierte en un vicio que genera empatía y sonrisas en la platea. Esto funciona como mecanismo que desencadena una creciente tensión, alternando alivio y enojo, a través del desparpajo de un hombre que pareciera ya no tener nada que perder. El vínculo entre ambos personajes late una violencia contenida que va desplegándose desde lo verbal, lo físico y, por supuesto, lo ético. Violencia en varios sentidos, como flechas que apuntan hacia el otro y hacia uno mismo. La de los hombres en una sociedad muy desigual y la de la institución, más solapada, más naturalizada. El texto, diáfano y contundente, sugiere preguntas que aunque de antaño, no muchos están dispuestos a hacerse, y mucho menos a responder. Es lícito pensar que la obra nos lleva a cuestionar preceptos y mandatos que encarnan una verdad religiosa aunque del otro lado de la balanza no se encuentren la justicia y la belleza, sino la brutalidad y el horror que muchas veces anidan en la ignorancia. Poco a poco van encendiéndose los tabúes, la represión, la hipocresía que se ampara en las vidas de apariencia cándida. ¿Cuál es la lucha en el marco de este ring? ¿Son tan claras las fronteras entre el bien y el mal? ¿Son ambos dos valores absolutos, inmutables, imperecederos? Padre Pedro es una obra sin respuestas, donde el público pareciese ser el jurado de esa contienda entre dos hombres, entre dos mundos, entre mil mundos. Con un final desconcertante e inquietante, cuestiona los valores absolutos de la modernidad. La obra obtuvo Mención Especial en el Concurso Nacional de Obras de Teatro en el marco del 50 aniversario del Fondo Nacional de las Artes, con un jurado integrado por Mauricio Kartún, Graciela Araujo y Jorge Rivera López. El texto tuvo su origen en un seminario dictado por Kartún, Ariel Barchilón y Lautaro Vilo. Está publicada en celcit.org.ar.

Última fecha

sáb

15

diciembre / 2018

También te puede interesar