En numerosos relatos míticos, descender hacia las profundidades supone abandonar momentáneamente el mundo conocido para regresar con un nuevo saber, una gema o una fuerza capaz de enriquecer a la comunidad. En muchas de esas narraciones, quien realiza este viaje es el “trickster”, un embaucador ambiguo que cruza fronteras, rompe reglas y establece intercambios entre mundos. En Melodía encadenada, Andrés Aizicovich (Buenos Aires, 1985) recupera la imagen de la inmersión —un viaje hacia aquello que todavía no tiene forma— para pensar, de manera indisociable, el acto creativo y la comunicación. Ambos aparecen como movimientos pendulares entre un adentro y un afuera; entre la experiencia íntima y aquello que logra ofrecerse transformado.

En su nueva serie de pinturas, Aizicovich atraviesa cuerpos flotantes y contorsionados con una línea de agua que funciona como umbral formal entre superficie y profundidad. Esa línea de flotación no divide dos ámbitos, sino que abre una zona de pasaje donde la corporalidad opera como interfaz entre un mundo interior y otro exterior. En ese sentido, el cuerpo es una vasija; una membrana alquímica que recibe, decanta, metaboliza y finalmente se manifiesta. La instalación escultórica, por su parte, desplaza esa condición individual hacia una dimensión colectiva. Cinco cabezas-vasijas hacen circular el agua en un circuito cerrado. La fuente propone una imagen de la transmisión, aquello que pasa de una generación a otra o de una voz a la siguiente. El agua vuelve visible y audible un flujo normalmente intangible: el de la memoria, los relatos y las formas con las que una comunidad comprende el mundo. Toda herencia es también una forma de metabolismo. La fuente mueve tiempo y la vasija conserva y transforma aquello que vierte.

Quiénes

Artistas: Andrés Aizicovich // Curador: Javier Villa

Dónde y Cuándo

30

CC Recoleta

Junin 1930   |  ver fechas
Martes a Domingo
11:00 - 21:00
Gratis

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