Según una distinción que podríamos pensar obsoleta, las artes mayores o liberales se diferencian de las menores o aplicadas en función de los sentidos a los que apelan. Ocupando un lugar predominante en la percepción, la vista es a la pintura, la escultura o arquitectura, lo que el olfato y el tacto a las artes decorativas, textiles, gastronómicas, utilitarias. Esta dicotomía sufrió una radical revisión durante las Vanguardias históricas, especialmente en la Bauhaus, y a partir de allí se ha puesto en discusión sistemáticamente.

La historia entonces de los “márgenes”, no sólo en cuanto a materialidades, sino también a artistas que han quedado por fuera del canon, o de las minorías que mantuvieron vigentes las tradiciones de sus comunidades, podría bien ser repensada, en nuestro contexto actual.

A partir de las piezas exhibidas en la exposición Soplo de Ernesto Neto intentaremos cuestionar de alguna manera esta dicotomía. Algunas de sus obras son monumentales, esculturas blandas de tela, de lycra o hilo, flexibles y elásticas, que a diferencia de las que, –por lo general– tienen voluntad de perdurar en el tiempo, podrían pensarse como mutables, expansivas y disponibles para un espectador activo. Es necesario en ellas entrar en contacto con el objeto obra, el tacto y el olfato son factores fundamentales, invitan a prescindir de las jerarquías constitutivas, y dejan atrás la contemplación pasiva.

Al cabo de tres encuentros, se intentarán expandir estos conceptos desde la historiografía del arte, las materialidades y el lugar de la artista; y por último, a partir de las supervivencias de la “fuerza subterránea” del Brasil, que Florencia Garramuño llama vocación internacionalista, analizada como la voluntad de una cultura por insertar en el mundo una imagen de sí.

Docente: Karina Maddonni, Mónica Millán, Florencia Garramuño //

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