Fotografías inéditas por Claudio Abate

Alberto Greco viaja a Italia, probablemente, en julio de 1962. En Génova, publica en italiano su Manifiesto Dito dell Arte Vivo, fechado el 24 de julio e impreso en afiches que pega en los muros de la ciudad:

“El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto pero al objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte. El arte vivo es contemplación y comunicación directa. Quiere terminar con la premeditación que significan galería y muestra. Debemos meternos en contacto directo con los elementos vivos de nuestra realidad. Movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares y situaciones. Arte vivo, movimiento Dito”.

Greco había iniciado sus acciones de arte vivo unos meses antes, en París. Exhibiendo un cartel con el texto “Première Exposition Arte Vivo” Greco señala a personas y a objetos con un círculo de tiza y su firma, inaugurando un tipo de intervención que extenderá más tarde en Roma, Madrid, Buenos Aires y Nueva York.

Durante su estancia italiana, Greco lleva al límite el programa poético del vivo dito, lo expande y transforma en diferentes formas de acción. En Roma conoce al fotógrafo Claudio Abate, quien lo acompaña en sus recorridos por el centro histórico de la ciudad, en los que Greco se pasea con tizas de colores, según refiere Francisco Rivas1, cubriendo calles y muros con efímeros grafitis: “La pittura è finita. Arte vivo-dito de Alberto Greco. Arte vivo e l’aventura del reale”. Le refiere por entonces a su amiga Lila Mora: “He escrito todas las paredes de Roma. Gran escándalo. No sé por qué aquí me consideran un genio de la propaganda”2. La calle se vuelve espacio de inscripción de una escritura que se dibuja y garabatea entre la pose y la impostura del cuerpo.

Abate fotografía a Greco en acción, mientras escribe las palabras ARTE VIVO sobre la calle, interrumpiendo o desviando el tránsito de los autos, llamando la atención de las personas que caminan por el lugar. En otra fotografía, lo retrata a Greco de pie, posando frente a un muro de ladrillos sobre el que se lee, en grandes letras: “Alberto Greco ma chi es? Un genio”. No vemos a Greco durante el desarrollo de la acción, como en las anteriores fotografías, sino en el momento de su conclusión, frente al muro que acaba de escribir. Es posible interpretar este y otros vivo ditos realizados por Greco en Roma, en diálogo con una acción anterior transcurrida en Buenos Aires, en noviembre de 1961. Durante dicha acción, Greco cubre algunas paredes céntricas con las consignas “Alberto Greco ¡¡Qué grande sos!!” y “Alberto Greco. El pintor informalista más importante de América”, pero no mediante el trazo de tiza, sino a través de la impresión de afiches tipográficos utilizados en la publicidad urbana.

En un posterior vivo dito, también registrado por Abate, Greco se viste de monja, a un año de su emblemática exposición en la galería Pizarro de Buenos Aires, haciendo cuerpo el desafuero de los límites de la pintura que proponía en dicha muestra.

El 4 de enero de 1963, junto a Carmelo Bene y Giuseppe Lenti, Greco estrena una obra experimental, titulada Cristo 63, en el Teatro Laboratorio, una sala independiente dirigida por Bene. Concebida como “spettacolo Arte Vivo”, la obra debía transcurrir, según Greco, “en medio de la calle o dentro de un tranvía o en el andén del subterráneo, … con toda la aventura de lo real, incorporando lo imprevisto”. El público, por su parte, podía “intervenir cuando se le de la gana y contar una historia, si es la suya mucho mejor”3. La obra recurría a la improvisación, con una estructura no definida de antemano, aunque incorporaba referencias a la pasión de Cristo y fragmentos tomados del Ulises de James Joyce y de Genet. La misma noche de su estreno, la policía intervino, clausurando la obra y cerrando el teatro. Greco, que representaba al apóstol Juan, llevaba una túnica de terciopelo verde azulado, que se levantó en determinado momento de la obra y, según algunos testimonios, orinó en la platea, donde se encontraba el embajador argentino. Los medios gráficos registraron el escándalo de Cristo 63 y caracterizaron a la obra como vulgar y blasfema, de un “simbolismo bizarro” propio de esos personajes que “los tratados de psicopatología definen como exhibicionistas”.

Texto curatorial de Fernando Davis

Curador: Fernando Davis //

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