Es sabido el extraordinario poder que opera en un relato aquello que solemos llamar su carozo mítico. Esa curiosa escencia, ese destilado de concepto, que sostiene en sus metáforas algo paradójicamente más voluminoso en su sentido que el volumen mismo de sus formas.

Pocas historias contienen una expresión más poderosa, conmovedora y elocuente sobre el drama del asimilado que este cuento breve de Horacio Quiroga. El asimilado como tragedia; la tragedia del que debe volverse símil. Construirse a imagen del otro y perder la propia. El digerido, el absorbido. El integrado. No es casual que desde su publicación distintos críticos hayan querido ver en este cuento una parábola clara y expresiva sobre la dialéctica Civilización / Barbarie. Ese tigre que adopta forma humana, que intenta su integración pero resulta siempre sospechoso, peligroso, es nada menos que el otro: el diferente. Es el negro en el mundo blanco. Es entre nosotros el cabeza. Es el villero. Y esos habitantes del pueblo que lo rodean, que lo sospechan, son imagen precisa de la segregación. De esa cotidiana violencia colonial.En su parábola perfecta Juan Darién es el relato de la tragedia americana.

El espectáculo posee una poética teatral en formato de puesta en escena ritual que coincide en sus características, en las proyecciones sobre pantalla, en la estética plástica de títeres y objetos, y en su música con la identidad misma del relato.

Por la Compañía de titiriteros de la UNSAM.

Quiénes

Dirección: Tito Lorefice //

Última fecha

dom

19

julio / 2015

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