Mario Bellatin existe: es un escritor mexicano manco de una vitalidad asombrosa; aunque él mismo afirme, en Invernadero, que ya está muerto, y aunque escriba textos autobiográficos donde su nombre propio perezca para reemplazarse por un heterónimo que igual se reconoce como su propio fantasma. Y, también, aunque esta película de Gonzalo Castro entre en un ritual sin rumbo para convertirlo en personaje cinematográfico, en espectro nítido. Es que todo en Invernadero hace equilibrio en el borde filoso del mundo de la literatura viva y sus transformaciones, donde esa “escritura sin escritura” que Bellatín ensaya termina por condensar una atmósfera espesa. En ella se suceden, indiferenciados, las actos ínfimos, los gestos místicos y los diálogos cotidianos con su hija, sus ayudantes y colegas, que mezclan teorías excéntricas con performances espontáneas, registradas en planos fijos que dejan respirar cada palabra y cada gesto hasta que sus ecos amagan en direcciones múltiples. Y hasta que Bellatín logra el prodigio de ser un actor de magnetismo monstruoso, más allá y más acá de cualquier método y de toda escritura.

Dirección: Gonzalo Castro.Argentina - México, Año: 2010, 94'.

Última fecha

mié

11

junio / 2014

También te puede interesar