En el texto curatorial de la muestra, María Elena Babino escribe: Horacio Butler (1897-1983) representó de un modo claro la idea de modernidad que los artistas del Grupo de París consolidaron en los años treinta perdurando por décadas en el arte argentino. Exponemos ahora un nuevo estudio de su aporte, tanto en lo que hace a su obra artística como a las reflexiones y vivencias vertidas en los textos de su autoría que recogen las múltiples experiencias de sus viajes por Europa y su posterior integración al contexto del arte local. La selección de obras representativas, en articulación con su producción literaria, se despliega en una temporalidad que abarca cincuenta años de trayectoria. Sin embargo, escapando a las afinidades temáticas o a las linealidades cronológicas, y señalando la importancia de su juvenil viaje a Europa, sugieren un flujo discontinuo de espacios y tiempos donde memorias y recurrencias se organizan de modo aleatorio. De particular interés nos resulta su etapa temprana en Alemania y Francia por considerar que, en el trayecto de esos viajes, aparecen inquietudes centrales cuya continuidad verificamos a lo largo del tiempo. Por caso, el descubrimiento del cubismo en los museos de Bremen y Hamburgo. También su experiencia en la colonia artística alemana de Worspswede, donde toma contacto con la síntesis expresionista de la obra de Paula Modersohn-Becker, o la pintura de los paisajistas locales y el recuerdo del paso del poeta Rainer Maria Rilke registrado en su ensayo Worpswede (1903), que gravitarán de modo profundo en la conformación de una poética anclada en el imaginario del paisaje. Otro tanto sucede en el midi francés, que le procura al artista la pulsión vitalista con la que encara sus transposiciones pictóricas. Paisaje de Sanary es prueba elocuente. La memoria que estas vivencias dejaron en su trayectoria posterior, ya de regreso en la Argentina, puede verificarse sobre todo en las obras que dedica al entorno del Tigre y en su textos La pintura y mi tiempo, Las personas y los años y Francisco, novela en la que Butler propone un retorno a la naturaleza como opción alternativa a la alienación urbana. Así, filtradas por las enseñanzas de sus maestros franceses André Lhote y Othon Friesz, la síntesis constructiva postcubista de El castillo melódico, se alterna con la valoración del color y el manejo rítmico de las pinceladas derivados del postfauvismo y evidente en Primavera en el Delta. Como obras clave de su madurez, en las piezas que conforman Las cuatro estaciones del hombre, migran y sobreviven aquellos recuerdos infantiles donde Bulter comenzaba a imaginar los misterios de la naturaleza evocados en un jardín a orillas del río Reconquista. Finalmente, viaje, modernidad y paisaje resultan tres vivencias conjugadas a las que Butler apela para pensar visualmente el mundo y se abren a la ampliación del aporte que los tránsitos estéticos han hecho a la historia del arte argentino.

Quiénes

Artistas: Horacio Butler // Curador: María Elena Babino //

Última fecha

dom

26

agosto / 2018

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