“En el seno de selvas impenetrables no hay otro camino que los ríos”, anotaba Alexander von Humboldt en Cosmos: ensayo de una descripción física del universo. El científico-artista y viajero se proponía en su libro la “disparatada idea” de plasmar todo aquello que en el siglo XIX se conocía sobre los fenómenos celestes y terrenales; desde las nebulosas estelares hasta la microgeografía de los musgos que crecen en las rocas de granito. Astronomía sideral, vida orgánica, geología, magnetismo, erupciones volcánicas, y otros fenómenos relevados por Humboldt en sus expediciones por el mundo, integraban un assemblage de elementos interconectados: una ciencia de encadenamientos. “El lecho de un río tal vez sea la ausencia de una montaña” apunta Flora Reznik en su cuaderno, como si retrucara la sentencia del naturalista prusiano. Porque si de expediciones y encadenamientos se trata, la obra de Flora deviene de una exploración –tan real como imaginaria– por territorios que solo existen desde el momento en que son recorridos. Habitan esas laderas encadena fragmentos de un viaje exploratorio emprendido a través de los bordes, filos y accidentes de una cicatriz que se torna montaña. Entre tantos otros científicos-artistas y viajeros románticos, Humboldt entendió cuán diminutos somos ante la naturaleza que sobrepasa los límites de lo alcanzable. Habitar las laderas es habitar lo inconmensurable.

Artistas: Flora Reznik // Curador: Jazmín Adler //

Última fecha

vi

31

mayo / 2019

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