Somos humanos en tanto habitamos un mundo de palabras. Un mundo lleno de seres y paisajes que no veremos jamás, y sin embargo nos recorren.

Dar la palabra es darse uno mismo, siempre y cuando no se trate de una palabra vacía. No siempre que hablamos decimos algo de nosotros. La única palabra importante es la que lleva nuestra sangre. La que nos modifica una vez pronunciada. Esa es una palabra que nos compromete y nos define. Esa es una palabra plena.

El mundo nos incita a hablar por hablar. Sin decir nada.

Palabra plena, en cambio, nos desafía a pensar, a transitar el laberinto de nuestro propio enigma intentando evitar las trampas de la comodidad. Porque las cosas importantes de la vida son incómodas.

Caminamos entre el amor y la pérdida, la felicidad y la angustia, la esperanza y el deseo. Siempre de la mano de la palabra.

La palabra es abismo. Es al mismo tiempo herramienta y conflicto. Comunicación y malentendido. Verdad y mentira. Habitamos en la confusión. Y en esa confusión nos jugamos la vida.

Conferencistas: Gabriel Rolón //

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