Galería del Infinito presenta la muestra Cultivar flores, de Romina Ressia.

Romina Ressia, artista de experiencia en el mundo de la fotografía, trabaja recreando climas e imágenes del pasado en el lenguaje hiper realista propio del proceso fotográfico. Rompe las escenas creadas al introducir elementos ajenos al tiempo que evocan, anacrónicos detalles destinados a quebrar la realidad generando molestia, curiosidad e incomodidad en el observador.

Desde ese mundo, Ressia ha ingresado al ámbito de la pintura trabajado a partir de obras notables de artistas del pasado a las que somete a un análisis cuidadoso destinado a extraer lo elemental y más significativo de ellas para poner en relieve sus formas, su composición y sus colores. Rescata características y elige pasajes que luego exalta en la concepción de sus nuevas composiciones. Aparecen así personajes de célebres retratos, o fragmentos de grupos bien conocidos, de los que destaca una acción que puede comprometer a dos o más integrantes.

Su trabajo con el Autorretrato de Durero (Munich, Alte Pinakothek) la lleva a destacar la mirada frontal que domina la pintura original, exacerbando el color de sus mejillas, así como la mano izquierda con la que cierra su abrigo, que ahora se hace gigantesca. Eso sucede también con el monograma con que el Durero ha firmado su obra, que se suma a las marcas señaladas para conformar esta nueva y original composición. Algo similar se observa con los Retratos de Agnolo y Maddalena Doni (Florencia, Uffizi) que Rafael pintó entre 1504 y 1507; también con la figura de Juana de Austria, retratada por Sofoniba Anguissola, que aquí se muestra como una serie donde se reitera el procedimiento que hemos mencionado.

De Las Meninas de Velázquez (Madrid, Museo del Prado), Ressia escoge los personajes de la infanta Margarita y su dama de honor María Agustina Sarmiento de Sotomayor quien, mientras se inclina en una reverencia, le ofrece un búcaro con agua fresca. Aisladas y recortadas contra un fondo casi negro, estas figuras adquieren renovada materialidad, vivacidad y significado por el tratamiento que la artista les ha conferido. Esta situación se plantea con otros integrantes que ocupan también el primer plano de la misma obra, como Mari Bárbola (María Bárbara Asquin) y Nicolasito Pertusato, dos enanos que formaban parte del cortejo de la Infanta, a los que se agrega, de modo fragmentario, Isabel de Velazco.

Vale la pena observar el Baco de Rubens (San Petersburgo, Hermitage). Triunfante, aparece en su trono rodeado de un putto, un fauno, un niño sátiro y una ménade que está escanciando su copa. El líquido rebasa el recipiente del dios y es bebido por el niño sátiro del cortejo. Ressia lo pone en evidencia remarcando el líquido, cuyo caudal ha crecido en relación al original. Esa operación se encuentra también en la propia figura de Baco, que se ha transformado casi en una caricatura. El tema de la desnudez aparece nuevamente en otras pinturas, como La maja desnuda de Goya (Madrid, Prado) y en otra pieza trabajada con una técnica diferente. Se trata de Henry VIII, elaborada a partir de diversos retratos del rey inglés, en una alusión clara a El vestido del rey de Hans Christian Andersen. Ressia juega sarcásticamente con esta imagen en la que los ricos terciopelos bordados de su vestimenta son ahora el soporte de esta pieza textil.

La artista nos ha introducido en su interesante mundo dominado por su intención de “entrometerse” en la memora colectiva y, en su intromisión, opera decididamente en nuestros recuerdos y en la percepción que posemos tanto de las obras de arte como de sus autores.

Artistas: Romina Ressia //

Última fecha

lu

1

agosto

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