Lo que propone Arnaiz en estas obras recientes, si bien no marca una ruptura radical con su producción anterior, diverge en ciertos aspectos con ella. Llama la atención un uso más moderado del color, un cromatismo sobrio, asordinado, menos exuberante.

La trama dibujística es imbricada, entrelazada. Antes las formas eran más autónomas, en estas series se revelan como parte de una red interdependiente, con grandes pinceladas que las vinculan; las formas se visitan, se superponen, se comunican, crean alianzas.

Hay en esta obra un parentesco, una afinidad con la de ciertos artistas del expresionismo abstracto. Son obras abiertas, luminosas, reticentes. Su mesura es contenida y anti-heroica. Se diría que disimulan más que simulan. Lejos están del impresionismo. Una emoción no es una impresión, dijo alguien (y lo opuesto es igualmente cierto).

Esta fase actual de Arnaiz es menos temperamental, más renuente. No se han perdido ni la distinción ni la vitalidad que caracterizan las obras del artista. Para vincularlas con dos músicos que a Arnaiz admira (hablo de su temperatura emocional): Bill Evans y Miles Davis. ¡Una experiencia única para disfrutar!

Artistas: Carlos Arnaiz //

Última fecha

vi

30

agosto

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