Hay en la forma algo que se resiste a la explicación geométrica, y ese “algo” es el movimiento, que convierte en tiempo el espacio del cuadro.

Las formas de Carlos Arnaiz -esas formas de las que resultan la sola forma suya- son inquietas, van de un lado al otro, según una ley de permutación que conoce y domina únicamente el artista. Antes que a mantener su independencia en el mismo plano (como personajes de una obra de teatro que no necesitan dirigirse la palabra), los límites entre las formas tienden a confundirse: ya no sabemos en qué punto empieza cada una porque la pincelada invade, solapa, crea alianzas, conjuraciones morfológicas.

Entra aquí en juego la imaginación vegetal de Arnaiz, y como en un jardín silvestre -la contradicción es aparente-, donde una flor avanza sobre otra y hacen juntas una flor diferente. El artista inventa esas flores que no existen y sus acoplamientos. Estos movimientos y estas multiplicaciones llevan también a otro lado: son metáforas generosamente vacías, que Arnaiz entrega para que sean colmadas por el ojo del observador.

Texto de Pablo Gianera.

Quiénes

Artistas: Carlos Arnaiz //

Última fecha

jue

31

agosto / 2023

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