El terror que nos inspira pensar en la existencia de los fantasmas proviene de una asimetría de posibilidades. Mientras que los fantasmas pueden mirarnos, nosotros a ellos no. Nos sentimos vistos por una mirada con la que será imposible cruzar la nuestra. Ante su aparente invisibilidad, contamos con dos alternativas, ambas ligadas al deseo: temerosos, podemos esperar a que no se aparezcan o, por el contrario, aguardaremos con ansias su manifestación. La conjuraremos. De una u otra forma, una instancia de espera se reconoce como condición para su desvelamiento: los fantasmas son quienes tienen la decisión de mostrarse, estamos entregados a su voz, sólo podemos creerles bajo palabra. Difíciles de nombrar, los espectros no son ni alma ni cuerpo y, simultáneamente, una y otro. En su inasibilidad, más que ocupar un lugar, los fantasmas 'están', 'rodean una posición', asedian: esta será su forma de habitar. Baste una precisión más acerca de los fantasmas: estas 'cosas' cuentan con una potencia que es una fuerza de desintegración: siempre incómodos para sus diferentes contextos de aparición, su estar será el de un umbral y no el de un límite. Su reino será el de la desobediencia de la concepción de un tiempo lineal, en el que primarán los anacronismos. Las visitas son con cita previa.

Artistas: José Luis Landet // Curador: tania Puente //

Última fecha

vi

31

mayo / 2019

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